Impresión: efecto o sensación que algo o alguien causa en el ánimo
liehreuirfoerreio
Mi relación con el río Tinto ha sido larga y profunda. Han sido muchos años de deambular por sus orillas y por el territorio al que tanto afecta, por el que es, a su vez, tan afectado. Minas y río Tinto son términos inseparables: no se entienden el uno sin el otro.
Este trabajo, no es más que una ligera pincelada de lo que el caminante puede encontrar si se decide a ahondar un poco en ese paisaje. En él, el autor quiere transmitir no tanto una descripción documental del territorio, sino, y de ahí su título, la honda impresión que, a cada paso, le producían las imágenes que descubría, impactantes, una tras otra, a medida que, más o menos sin rumbo, se movía de aquí para allá.
Aunque por haber vivido mi adolescencia en Huelva, el río Tinto, la sierra, Minas de Riotinto, eran términos conocidos, no había estado en esos lugares hasta los años 90, cuando ya la fotografía era para mí un ejercicio importante. Mi residencia estaba por entonces muy lejos de ellos, pero creo poder afirmar que no dejé de visitarlos casi todos los años, hasta que muchos después, me trasladé a Huelva. Y ni el río, ni las imágenes imborrables, las mágicas sensaciones que año tras año proporcionaba al ausente en sus cortos recorridos anuales, fueron ajenas a esa decisión. No desde luego la única, pero ahí estaban.
La experiencia de las que emergen estas imágenes ha marcado definitoria y definitivamente mi fotografía, como puede verse en otros trabajos posteriores, sobre todo “La imagen desnuda”
Este trabajo, algo más reducido que aquí, se expuso en abril de 2004 en la Sala de Exposiciones Plus Ultra de la Fundación CajaSol, en Huelva. Lo que decía en la presentación del proyecto entonces, sigue teniendo hoy la misma validez. Lo transcribo a continuación:
Cuando hago una fotografía, pretendo conseguir que tenga un valor por sí misma, que independizándose cuando es posible, de “lo fotografiado”, que el trozo de papel que contemplo tenga una entidad por sí mismo. No trato de disimular la inevitable presencia de ese objeto externo, ni tampoco alterarlo con manipulaciones de laboratorio; solo trato de mostrar aspectos de la realidad que se nos escapan, quizás por una mirada poco atenta, quizás porque tendemos a confundir el mundo con las etiquetas con las que lo ordenamos. Este acercamiento sólo es posible, al menos para mí, desde un cierto estado emocional que me permite, al mirar hacia afuera, empezar a ver. Creo que es así que, al menos eso espero, las fotografías no sólo captan algo de lo que está ahí fuera, sino que también expresan algo de mis sensaciones cuando lo observo. Entre estos dos polos, el mundo exterior y el interior, siempre hay más de uno que del otro, y creo que es inútil buscar un equilibrio seguramente tan imposible como innecesario.
A veces, afortunadamente, con algunos de los que ven estas fotografías, ocurre algo que siempre tiene para mí un punto de misterio. Son esas ocasiones en las que creo que no sólo muestran mis emociones, sino que consiguen despertarlas en los que las contemplan. Claro es que si hago fotografías es por lo primero, pero tal vez encuentren su justificación en lo segundo.
Ha sido, realmente, una experiencia muy especial el caminar con la cámara durante horas y horas por estos parajes, y espero que esas sensaciones se perciban en las imágenes que han resultado. En cualquier caso, creo que la muestra es indicativa de mi forma de hacer fotografía, y también de cómo he sentido un paisaje en el que, desde Niebla hasta Nerva, la huella del hombre, tan profunda en tantos sentidos, tal vez paradójicamente, parece haber hecho aquí más para desatar lo que en él hay de telúrico que para humanizarlo suavizándolo.